Siempre me extrañó la tendencia a lo escatológico de los catalanes. No he visto ningún estudio sociológico al respecto ni me he interesado de manera especial sobre el tema. Sencillamente me ha llamado la atención.

Mientras que, por lo general, el día de navidad llega el Papa Noel, o el Olentzero en Euskadi, en Catalunya fem cagar el tió, o la soca. Los niños catalanes han dado durante todo el mes de diciembre abundantemente de comer a un tronco (el tió) con la finalidad de que éste cague abundantes regalos la tarde de navidad. Recuerdo que cuando era niño subían las tías y le atizábamos con rabia al tronco que cumplía generosamente con su cometido.

Cuando íbamos a buscar setas, costumbre muy arraigada aquí, mis padres me advertían que no se me ocurriese coger el temible pet de llop (pedo de lobo), un hongo infecto que si se aplastaba con los pies levantaba una polvareda pestilente.

Ya de forma más agradable recuerdo esos dulces pequeñitos y redondos, crujientes, un tipo de galleta que suele aparecer en casi todos los surtidos, y que en Catalunya recibe el curioso nombre de pet de monja (pedo de monja).

Y finalmente tenemos el entrañable caganer, la figurita de un hombre (o mujer, en las versiones más actuales) que hace sus necesidades y que colocamos en un rincón discreto del belén. Como se sabe, desde hace unos años se han puesto de moda los caganers de personajes famosos. Tan pronto como existe nuevo presidente del gobierno, nuevo president, nuevo líder internacional, nuevo papa, o algún personaje se convierte en fenómeno mediático por el motivo que sea aparece la pertinente figurita que lo entroniza como caganer. En Catalunya sólo es alguien quien aparece cagando. Siento la crudeza, pero es así. En la foto de esta entrada podéis ver al papa, a la Merkel, a Obama, a los jugadores del Barça, a Guardiola, al inefable Mourinho, a Pau Gasol, a los políticos locales, a Rajoy, al Dalai Lama, a la reina de Inglaterra, a Rafa Nadal, a Cristiano Ronaldo, a Sandro Rosell, a Bruce, a Marilyn, a Epi y Blas junto a la Pantera Rosa, hasta al cantante del Gangnam Style y a la ácida Mafalda, todos ellos en idéntica pose.

IMG_2535aEsta tendencia a lo escatológico en Catalunya, que desconozco si se da en otras culturas, creo que tiene, más allá de la cuestión simplificadora de la risa no elaborada, un rasgo de carácter que me parece remarcable. Catalunya, creo, tiene muy poca tendencia al mito. Me parece que aquí no mitificamos a mucha gente, en general (y salvo excepciones). Mientras que otras culturas tienden a subrayar la importancia de la gente, aquí ladeamos la cabeza y decimos, collonades. Aquí no tenemos duquesas de Alba a las que les gritamos guapa cuando pasan. ¿Ello nos hace más aburridos? Me temo que sí. Además una cierta tendencia al mito es buena e incluso necesaria. Lo contrario te convierte en un pueblo descreído.

Cuando se reconstruyó en el siglo XIX el Gran Teatre del Liceu (hecho por suscripción popular entre los burgueses porque los Madriles no quisieron poner ni una peseta) en justa revancha se decidió no poner palco y pensaron que si venía la reina que se se sentara entre el público, ni más ni menos. De hecho el Liceo es de los pocos teatros de ópera antiguos sin palco. Todos iguales. Porque es bien sabido que caga el rey y caga el papa. Si es cierto que la muerte nos iguala a todos, también esto otro nos iguala. Probablemente esta tendencia a la escatología tenga que ver con este aspecto.

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