Después de veinte años he vuelto a hacer exámenes. Como algunos sabéis me apunté a un grado en la Uned.

Hacer exámenes significa estarse preparando durante meses y acometer el periodo final de memorización intensiva. Qué sensación extraña lo de volver a estudiar, rebuscar en la memoria aquellos viejos recursos mnemotécnicos, estructurar la materia y darle forma, conectar datos y crear un todo a partir de mil apuntes dispersos. Y luego llegar al aula y comenzar a contestar, a relacionar, a crear un discurso expositivo (y argumentativo) conectando lo que uno sabe con la idea central, en este caso muy específica, de las preguntas formuladas. No tengo todavía las notas, pero creo que me fue bien.

El apartamiento de la vida que conllevó el periodo de estudio generó una cosa muy extraña: una pereza enorme a regresar al mundo del blog. Podría decirlo de otra manera pero seguramente no sería cierto o exacto. Una vez recuperado el escaso tiempo libre de que dispone una persona que trabaja a tiempo completo me daba verdadera pereza volver a conectarme al mundo pequeño de los blogs. Cuando acabé los exámenes me apetecieron otras cosas.

No estoy diciendo que considere el blog como una época pasada y acabada. Seguramente volveré. No es la primera vez que siento este hartazgo. Ya tuve mi época de paréntesis, como casi todos, y aquello pasó. Seguramente también pasará este momento. Soy una persona que tengo en común con la gente de los blogs básicamente una cosa: la necesidad de gritar, más o menos razonadamente, en algunos momentos, y ante algunas circunstancias. También de celebrar lo que de bueno tiene la vida, y compartirlo.

Hace unos pocos días quedé una tarde con Montserrat Sala, del blog Reflexions en veu alta, una de las muchas cosas buenas que el mundo de los blogs me ha traído. Me explicó que acababa de entornar su blog. Me sorprendió, porque yo estaba pensando en hacer lo mismo. Ella, en su entrada, vinculaba ese hartazgo con lo que vivimos a nivel externo (la crisis, las corruptelas que afloran, el desmembramiento de los sueños).  En mi caso no siento que sea así: el horror externo me lleva a gritar, a no quedarme callado. Aunque es posible que también tanto horror nos lleve a la desmotivación, no sé.

Así, hay muchas cosas ante las que me resulta difícil callarme. Frente a la injusticia en general, frente a los recortes que destrozan lo que construimos durante tanto tiempo, frente a la mentira social sistematizada, frente a la desvergüenza humana y al engaño que hace que los fuertes sean cada día más fuertes y lo débiles estén cada día más desprotegidos, frente al maltrato a los animales (los toros, que vuelven, que regresan, por culpa en el fondo de cuatro o cuarenta fachas), frente a las imposiciones de una democracia que sólo lo es de nombre, frente a los constantes ataques contra mi país, que como sabéis no es España, y el derecho a construir su propio futuro. Frente a un mundo que negocia con el sufrimiento de la gente, frente a un mundo engañoso que se debate entre la demagogia de las izquierdas y la embestida de las derechas.

Como no me gusta el mundo y lo considero asquerosamente manipulado, seguramente volveré a gritar con vosotros. De momento pongo a Eastriver y Accés a Maians en modo pausa, que no es exactamente lo mismo que modo fin. Otra cosa es saber cuánto tiempo durará este modo.

Es curioso. Me voy dejando un montón de entradas redactadas en borrador. Tenía otras cosas que contaros, muchas. Una entrada sobre una tormenta aérea que sufrí, qué horror, hace unos cuantos años. Otra entrada sobre un fotógrafo que me llamó mucho la atención porque se pasea por el mundo buscando dobles que no sean hermanos (qué evangélico suena siempre todo lo relacionado con los hermanos). Otra más sobre el boicot que sufre Catalunya, tanto el reconocido, que es menos, como el inconsciente, que afecta a buena parte de españoles (la mayoría de anuncios se hacen en Barcelona, me dijo un día un publicista, pero todos los clientes te dicen que sobre todo no se note que están hechos en Barcelona). Sobre los abusos contra el tercer mundo, de la formas más inimaginables (que asquerosos somos, mandando allí los ordenadores que aquí no nos sirven, diciendo que así los aprovechan ellos cuando en el fondo es para que tengan ellos que gestionar las toneladas y toneladas de residuos). O sobre los universos paralelos en un documental sorprendente que vi hace unos meses y que tanto me marcó. No, al blogger de raza nunca les faltan temas.

Tampoco le falta curiosidad, que supongo que es lo que me ha ocurrido a mí en estos momentos. Siento que ahora me apetece más ver alguna película atrasada, leer esas novelas que uno ha ido poniendo en el rincón de la espera. El blog sigue estando ahí, porque el blog es la vida, otra faceta de la vida. Quedan muchísimos momentos agradables, muchísimas historias compartidas y numerosas personas cercanas. Todo lo que nos enriquece merece un balance óptimo.

Un abrazo a todos y hasta pronto.

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