Cuando miramos hacia atrás, incluso sin salir del blog, descubrimos a veces que los deseos se cumplen. He estado mirando mi primer blog, y ahí, fechado el 22 de septiembre de 2008 he encontrado un texto que me ha hecho ver que a veces el tiempo pasa para bien, y rápido incluso. Leo (y traduzco):

“La semana pasada los medios de comunicación, un poco por información, otro poco por denuncia y algo más por morbo, informaron detalladamente sobre la tradición de Tordesillas llamada “El toro de la Vega”. La fiesta consiste en dejar un toro por las calles de la localidad y los hombres del pueblo, machos ellos, sobre caballo, con ganzúas, palos y garrotes, llevan al animal hasta las afueras donde lo matan a bastonazos y atravesándolo con los ganchos que llevan. Puesto que se trata de una tradición muy antigua, el tiempo por sí sólo parece ser que ya la justifica. Lo mismo que si todas las cosas antiguas debieran preservarse. Si se les insinúa suprimir esta fiesta pueden acusarte de todo, especialmente de poca sensibilidad (a ti, que te horroriza lo que hacen con el pobre animal), de poca sensibilidad con las tradiciones culturales.”

Hasta aquí se me preguntará cuál es el motivo de mi buen humor actual: la fiesta del toro de la Vega se sigue realizando, por desgracia, y mantiene toda su vitalidad. Mi alegría viene por lo que escribí luego. Sigo:

“Barcelona fue declarada, en un pleno del Ayuntamiento, hace ya años, ciudad no taurina. Yo me pregunto, si es una ciudad antitaurina, ¿por qué no prohibir la fiesta? ¿Sería un inmenso escándalo? Seguramente. Un enorme escándalo en los Madriles, por ejemplo, o un gran escándalo para quienes escuchan la COPE o votan a Ciutadans. Es muy triste que esta gente se escandalice. Pero para la gente de aquí no creo que fuese un escándalo demasiado grande. La gente de Barcelona, de hecho, no va a los toros: yo no conozco a nadie, ni conozco a nadie que conozca a nadie. En la plaza de toros de la Monumental construiría un complejo cultural, como el que están haciendo en las Arenas, o una pista de tenis, que ya hemos visto que quedan muy bien.”

Bueno, hoy por fin, en 2013, ya no tenemos toros en Barcelona. Y no es nuevo, hace ya más de un año. Es curioso: cuando escribí mi queja de 2008, lleno de escepticismo, veía como imposible algo que, cinco años después, tenemos todos plenamente asumido. En 2008 se me antojaba totalmente imposible que un día Barcelona se atreviera a dar el paso.

La referencia a la pista de tenis se me escapa: no recuerdo el motivo por el cuál lo dije, pero mirando una foto que ilustra aquella entrada, observo efectivamente una pista de tenis en pleno ruedo. Hay otra cosa que ahora me hace sonreír por mi ingenuidad de entonces: el convencimiento de que lo que en aquellos momentos se estaba construyendo en Las Arenas sería un centro cultural. Se trata de un centro comercial, como no podía ser de otra manera, a pesar de lo cual debo decir que me gusta mucho la terraza y sus vistas. Sigo y acabo:

jt“Durante este fin de semana pasado, precisamente, José Tomás ha triunfado una barbaridad en Barcelona. Para que el triunfo sonase más de aquí le colocaron una senyera sobre los hombros y él, emocionado la enarbolada. Estoy seguro que muy pocos catalanes disfrutaron del arte del torero de moda. Sé que cuando hay una corrida importante vienen autocares de las Españas. Aunque sean de Burgos o de Tordesillas en la plaza llevan la senyera colgada, para intentar demostrar que los domingos los catalanes vamos todos a la Monumental. No sea que quiten la fiesta. Porque claro, una Barcelona sin toros sería una Barcelona un poco menos española.”

Leyendo mi propio texto de 2008 y viéndome cinco años atrás he pensado que es curioso cómo a veces la vida cambia en menos de lo esperado. Y que no siempre los cambios son para mal.

Esta misma semana Quim Monzó ha publicado un artículo en La Vanguardia. Habla del movimiento antitaurino que también se está viviendo en Sevilla o en Colombia. Bogotá, en concreto, acaba de declararse ciudad antitaurina. Y recoge declaraciones de toreros ante la acometida que está teniendo la fiesta en el país americano: igualitas a las que escuchamos en Barcelona durante el proceso.

Monzó acaba ironizando a partir de la intoxicación que el debate sufrió en Catalunya y al cual yo me refería en mi entrada de 2008:  “¿También ha sido un “veto identitario” esa abolición colombiana de los toros que tanto molesta a el Juli? No habría imaginado nunca que la sombra del nacionalismo catalán fuese tan alargada como para llegar a Bogotá.” Aquí, los antitaurinos, tuvimos que escuchar que lo éramos porque lo taurino era quintaesencia de lo español. Yo pienso que lo hubiera sido siempre, ni que hubiera nacido en Ronda. Lo que pasa es que un antitaurino catalán tiene peor fama.

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