pelotaEstoy hasta las narices de Messi. Así lo digo.

El hecho de que no te guste el fútbol te permite el grado de objetividad necesario para ver que todos son iguales. Es cierto que soy del Barça, pero también es cierto que siempre he tenido claro que el fútbol es la gran mentira del occidente actual. Para mí siempre ha sido diferente alegrarte por el triunfo de tu equipo a ser un incondicional futbolístico.

Cuando en estos días veo las informaciones sobre la pelota de oro de Messi, que os imaginaréis cuánto se está hablando de este tema en Catalunya, no puedo evitar acordarme de todos los científicos que se están teniendo que exiliar cada día. Y si escucho críticas, muchas veces están teñidas de un cierto partidismo: quien critica la sobresaturación informativa sobre Messi está a los cinco minutos hablando sobre la mala relación entre Casillas y Mou. Ahora es Messi y su balón de oro, luego los insultos que le dedican al mismo Messi. La cuestión es otorgar a lo pueril apariencia de asunto importante. Es desolador. Casi diría que lo que más me molesta es la certeza de que todo está perfectamente instrumentado desde el poder. No es nuevo, se sabe desde siempre.

Yo sé que puedo ser acusado de demagogo si critico las páginas que se han llenado con el balón de oro de Messi y el premio a Vicente del Bosque mientras se está desmantelando el estado del bienestar. Con algo habrá que distraer a la gente, está claro, pero desde luego no de esta forma, interesada por una parte y borreguil por la otra. Quien me lleva a escribir este apunte de urgencia no es la demagogia sino el cabreo absoluto por todo lo que veo.

Hay momentos en que llego a la conclusión de que tenemos el país que nos merecemos. Ni más, ni menos.

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