No es fácil explicar por qué apoyo a Chávez. Máximo cuando hay cosas que me parecen mal. Me parece mal, por ejemplo, ese populismo del que hace gala, desagradable y difícilmente creíble a ojos de un europeo. No me gusta tampoco, y en este caso no me gusta nada, verlo en una foto riendo con ese ser pavoroso llamado Mahmud Ahmadineyad. Tampoco verlo con algún chino que va de comunista y que no es otra cosa que un oligarca de la peor especie en un país en que no existe ningún tipo de libertad personal ni política. O verlo con Putin, otro carroñero que va de progresista (a ratos).

Todo eso no me gusta de Chávez. En esos casos juro que cerraría la tele, o el periódico, o lo peor, casi que cerraría el apoyo. Pero como la crítica no debería estar reñida con el compromiso (y por otro lado, el compromiso siempre debería ser crítico), soy claramente chavista, y ahora quiero explicar el motivo.

Chávez me parece un camino, digamos, frente a la izquierda que tenemos aquí, que no nos la creemos y que nos enfada a partes iguales. Más nos enfada la derecha, eso es evidente. Pero cuando la izquierda, que debería ser la solución, es un lío, una batalla, una dispersión, una demagogia, un electoralismo constante, un proyecto que no arrastra a casi nadie o una sarta de ideas difícilmente aplicables, el malestar generado es evidente y provoca irritación. Es lo que me sucede a mí, que me paso cuatro años diciendo que las izquierdas no van bien, y cuando llegan las elecciones veo que, por desgracia, no me he equivocado tanto.

Chávez me parece un camino. Me lo parece por varios motivos. Por un lado, ¿a qué se debe el interés que existe en el mundo occidental para desacreditar a Chávez? Casi no escuchamos nada sobre México, sobre Uruguay, sobre Paraguay, sobre Colombia, sobre Perú. O muy de tarde en tarde. En cambio no hay semana en que algo de Venezuela no aparezca en un informativo español. ¿Qué le ocurre al mundo con Chávez? ¿Por qué quieren desacreditarlo a toda costa? Probablemente porque Chávez es un camino que resultaría peligroso que más gente decidiese transitar.

Chávez gana elecciones, no es un dictador (es curioso, jamás un líder democrático ha sido tantas veces acusado veladamente de ser un dictador, y mucha gente ha acabado creyéndoselo, porque una mentira repetida hasta la saciedad acaba convertida en una verdad). Esta evidencia hay que decirla bien alta, y subrayarla. Para mucha gente española Chávez es un dictadorzuelo al uso. Para esa misma gente probablemente Franco no lo sea.

A ciertas alturas deberíamos pedir, quienes no vivimos el día a día venezolano y muchas veces tendemos a juzgar demasiado alegremente lo que ocurre a miles de quilómetros de casa, que canten los números. Que sean los números los que hablen. No las opiniones, no las voces competentes, que todos sabemos que a menudo están gravemente mediatizadas. Por lo poco que sé, los números, los datos, son los que explican que Chávez siga ganando, a pesar de tantos pesares. Un diario tan poco chavista como El País hace hoy algo parecido: dejar que los números canten. En el gráfico al final de la página que enlazo descubrimos, por ejemplo, que desde 1998 hasta hoy el número de pobres extremos en Venezuela ha disminuido del 20 al 8%, la alfabetización ha subido, la escolarización secundaria ha pasado del 50 a casi un 75%, los universitarios, de menos de un millón a más de dos millones, el paro ha bajado del 16 al 8%, la renta per capita ha subido de 8.500 a casi 13.000 dólares y el PIB de 91.000 a 315.000 dólares).

A mí me sigue molestando esa demagogia, esa teatralidad, que sea amigo del presidente iraní o de algunos chinos poco o nada respetuosos con los derechos humanos. Probablemente no haya tenido otra solución ante la marginación que vive a nivel internacional. Pero estoy dispuesto a mirarlo con ojos no mediatizados, mientras observo que los grandes oligarcas, esos que tanto odiamos, le tienen mucha inquina.

(María Jesús, de Paradela de Coles, me recomendó hace poco el blog Ensenada de Riazor. Riazor ayer, por lo de las elecciones, también se ocupó del tema. Vale la pena leer esas razones para apoyar a Chávez. Y finalmente una meditación, que quiero que quede fuera del cuerpo de la entrada. Os confesaré que pensaba el otro día (uno, que es aficionado a las teorías conspiratorias) si la enfermedad de Chávez pudiera ser… Pero me detuve al instante. Todo el mundo enferma. Vaya una idea paranoica la mía… Pensar que una cierta maquinaria internacional pudiera causar enfermedades a líderes potencialmente incómodos… Aunque luego me acordé de cuando cayó enfermo Yassir Arafat. Yo, confieso, entonces sospeché. Ahora se ha encontrado la sustancia radioactiva Polonio210 entre sus pertenencias… Bueno, nada, no me hagáis mucho caso en este último apunte. Por algo está entre paréntesis y en cursiva.)

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